Os la debía. La segunda parte de mi visión del Marbella Luxury Weekend…
Aunque ya casi se cumplen dos semanas de su clausura, tengo presentes en mi memoria unas cuantas cosas referentes a lo nuestro, que es celebrar, y me gustaría compartirlas.
Comienzo destacando las dos grandes carpas que se montaron en Puerto Banús. No fueron en absoluto dos carpas al uso, la verdad. Quien esté pensando en una marquesina con techo puntiagudo y postes , se equivoca de lleno…
Así lucía la Carpa de la Torre, junto a la torre del Club de Mar. Una impresionante estructura metálica semiesférica, parcialmente cubierta por tiras de lona, que daba cobijo a una espectacular zona chill out donde intercambiar contactos, tomar una copa y disfrutar de MUY buena música.

¿Qué os parece? Mi mención especial es para las lámparas caladas de estilo mozárabe, colgadas a diferentes alturas, y el mobiliario, a base de sofás bajos, combinando el blanco con un estampado étnico en tono gris, colocado sobre una alfombra de pelo largo color hueso… ¡Por unos días, nos olvidamos del duro aspecto habitual del suelo de asfalto!
Y si de día resultaba impactante, esperad a ver su aspecto de noche…

La Carpa acogió varias presentaciones y eventos apadrinados por diferentes marcas. De forma permanente, estuvieron expuestos dos “coches fantásticos”, un Pagani rojo y un McLaren gris plata:

Para deleite de muchos (grandes y pequeños), los coches estaban abiertos y se permitía a los presentes en carpa tocarlos e incluso entrar y sentarse al volante.
La otra Carpa, la de Levante, estuvo a la altura (tanto en sentido figurado como literal ;o) de la anterior. A modo de “campamento indio CHIC“, se alazaba una composición de “conos invertidos gigantes”, de lona bajo cada una de las cuales se creó una zona chill out de asiento. Entre ellas, un amplio pasillo central hacía las veces de “recibidor” para intercambiar ipresiones. Este es una de los “cucuruchos de helado invertidos”:

Las fotos son de la fiesta que Salvatore Ferragamo ofreció en privado la noche del sábado. El pasillo central al que me refería terminaba en una barra de bebidas, sobre la que se colgó una pantalla gigante, donde se proyectaron diferentes imágenes. Entre ellas, las correspondientes al evento diurno de la firma, en el que se tuvo la ocasión de admirar el trabajo de un artesano zapatero de la casa, venido desde Italia para realizar una muestra de cómo se elabora un zapato de Salvatore Ferragamo. En mi opinión, esta artesanía en pleno siglo XXI sí es un verdadero lujo…
Volviendo a “lo nuestro”, una breve nota sobre el brunch que se sirvió en la boutique de La Martina el viernes.
Rodeado de camisas y polos lujosamente “parcheados”, se montó un buffet central con deliciosas copas de ensaladas y otros bocados salados y dulces que seguro ayudaron a las ventas. Aunque no resultaba muy práctica la necesidad de utilizar tenedor, y al temor de ensuciar tanta ropa, me quedo con la originalidad del montaje.
En el próximo post “rematamos”, con Cartier y la pasarela de joyas… Ciao !