Una novia radiante lo es más aún si llega a la Iglesia en un Cadillac impecable de 1957. El tono celeste de su carrocería era la única nota de color que contrastaba con la elegante combinación de marfil y granate elegida por los novios para ambientar su gran día.
El prendido de cala blanca en el traje del novio encontró su complemento perfecto en el original ramo de pequeñas calas blancas (la flor favorita de la novia), que portaba la preciosa novia cuando bajó del coche nupcial.
Tras la ceremonia, todos los invitados hicieron sus aportaciones a crear una vistosa lluvia gracias a los sobres de confetti blanco con lazada granate que les habían sido entregados previamente.
El coche se despidió al ritmo de “Viva los Novios” con un inconfundible “Just Married” en la luna trasera y montones de latas colgando de lazos blancos y granates.
Listos para comenzar la celebración, los invitados fueron recibidos con cócteles y para acomodarse en un moderno mobiliario de estética chill out y un guiño rústico.
Las mesas, con nombres de lugares significativos para los novios, mantenían la combinación de colores elegida gracias a la mantelería color marfil y las servilletas granates, que servían de soporte para el menú personalizado en el que la foto de la perrita de la pareja era la protagonista. Las exuberantes peonías granate y las parejas de calas color blanco roto de tallo largo que se besaban en el aire conformaban los sencillos pero vistosos centros de mesa.
Los acordes de un brillante saxofón pusieron melodía a los momentos más románticos de la noche, incluido el corte de la tarta nupcial que, como no podía ser de otra manera, estaba cubierta de glaseado blanco y decorada con corazones bermellón. La figurita de la tarta atrajo a los curiosos que quisieron admirar cómo habían sido representados los novios junto a su perrita, hecha a mano por una artesana austriaca.
Y como colofón, varias decenas de globos blancos aguardaban el momento de colgarles las tarjetas en las que previamente los invitados habían plasmado sus mejores deseos de felicidad para la pareja, antes de ser liberados en el aire y ascender, abriéndose paso entre las estrellas, para perderse de vista en el oscuro cielo…
Agradecemos su cortesía al fotógrafo David Toms


























