Invitacion limones Esti

CAPRICHIA’s Real Wedding: Yellow & Lemon at El Rocio (Andalusia)

 
 

  

   

Diseñar una boda en plena Aldea de El Rocío, sin pretender que sea puramente “rociera” puede suponer un reto, pero cuenta con el factor sorpresa asegurado para los invitados.   

    

Las exclusivas invitaciones de boda, con ramas de limonero pintadas a mano por la pintora y escultora Mª José Pascual Vegas, ya anticipaban una boda inusual, donde el amor por el arte y los detalles podía respirarse en cada esquina.   

La artista malagueña pintó también el abanico de la novia con la misma flor que su ramo, la cala blanca.  

El espectacular lugar de celebración, el Hotel La Malvasía (idílico lugar que merece un post aparte), ofreció  alojamiento de lujo a los invitados más privilegiados.   

 

Una novia segura de sí misma, apostó por el blanco y el amarillo para crear una atmósfera de fresca elegancia que invitaba al disfrute de los cinco sentidos. Limones naturales en rama sirvieron de base para la decoración, formando un aromático arco y salpicando de frescura el atril de lectura y otros rincones. Como complemento, rodajas de limón en tubos de cristal, lazadas de rafia amarilla y numerosos portavelas con velones blancos se agrupaban luciendo de diferente modo de día y de noche, pero con igual belleza.  

   

  

 El genuino patio andaluz albergó la ceremonia, aún de día; la propia marisma del Parque de Doñana sirvió de escenario para el cóctel y el espectáculo “entre actos” y de vuelta, el patio se prestó de nuevo para ofrecer la cena y la fiesta, aunque las coloridas luces hábilmente dispuestas hacían que no pareciera ser el mismo lugar. La apuesta para la cena fue arriesgada, pero resultó ser un éxito; se sirvió de pie, a base de deliciosos y originales canapés y bocaditos de gran variedad.  

    

   

Una banda de músicos con un particular e inesperado estilo abrió el baile y cautivó a jóvenes y no tan jóvenes, que se unieron al baile hasta altas horas de la madrugada, agradecidas ellas de poder reemplazar sus tacones por unas destellantes babuchas especialmente encargadas para la ocasión…  

   

 Hubo de todo. Ceremonia, banquete, espectáculos y fiesta hasta altas horas de la noche con música en vivo. Y por si no fuera poco, “el día después” aún quedaban ganas de celebrar una divertida velada campestre como fin de fiesta.   

 

  

El día después cambió el código de vestimenta, que se hizo más informal, pero no por ello menos festivo. Al contrario, nadie hubiera dicho que aquella árida finca en las proximidades del hotel pudiera transformarse en una verdadera discoteca al aire libre, pero así fue. El montaje de mobiliario y la espectacular decoración nocturna ambientaron un fin de fiesta en el que no faltaron las sorpresas. Un dúo de músicos impactó con los evocadores sonidos de sus txalapartas que, con su primitiva sonoridad, hicieron vibrar los corazones de todos y una pareja de acróbatas de fuego pusieron esos mismos corazones en vilo con sus arriesgadas y vistosas acrobacias.

 

  

 

 Fue un fin de semana del que sobre todo quedaron las sonrisas, las lágrimas de emoción y las risas a carcajadas para el recuerdo.